Marta

     Me llamo Emilia Gómez. Nací en Adrogüe en 1985, ahora vivo en Burzaco en una casa hermosa y llena de vida, mi búnker. Llevo toda mi vida adulta tratando de conseguir dos cosas: ser más rentable y estar más consciente. Estar consciente significa conocerme bien, tomar mis propias decisiones y hacerlo todo a mi manera. Ser rentable es ser capaz de convertirlo en mi forma de ganar dinero y crear significado a la vez. Las dos cosas juntas se resumen mi mejor manera de vivir.

Trabajé en el sector artístico y audiovisual hasta que decidí que ya tenía suficiente y armé mi empresa. Luego otro poco, y otro poco. En todos lados aprendí y disfruté como nunca antes, pero no encajaban del todo conmigo, no sentía que fuera lo que yo estaba buscando. Así que busqué más a fondo de cien maneras distintas y, por fin, uniendo todas las piezas del rompecabezas apareció Juana la Marta. Desde entonces me dedico a dibujar y a crear diseños online para ayudar a personas que quieren lo mismo que yo, estar más conscientes.

Tienes a tu disposición en la tienda los productos que he ido creando en Juana la Marta todos estos años, para que te motiven y generen curiosidad. Intento que sean portales a mundos fantásticos y que los puedas compartir con tu gente.

Verás que ninguna de mis propuestas nace de la nada, sino de años de experiencia y de necesidades propias que he ido trabajando para mí misma y que luego he querido compartir con quien pueda necesitarlas también. No soy de esas que hacen diseños como churros y que venden cualquier cosa que esté de moda: mis productos se hacen a fuego lento y con mucha conciencia. Todo lo que sale de Juana la Marta es una visión profundamente personal y cuidada.

Cuando no estoy ¡Marteando! me dedico a jugar con mi hijo Salvador, beber cerveza,  pasear, charlar con amigos, leer, preparar cenas deliciosas, hacer jardinería, ver montones de series y películas, leer un poco más, tratar de meditar, acariciar a mis animales y a mi compañero de vida Luciano… en fin, me dedico a las cosas normales de la vida normal.

 

5 valores básicos e indeclinable para Juana la Marta.

La imagen Toda mi vida he tenido muy en cuenta el sentido de la estética y la creatividad, desde chica. Siempre me interesaron el arte, la moda y cualquier manifestación artística. Cuidar ese aspecto en cada uno de mis trabajos no es opcional, es obligatorio. Todo lo que sale de mí tiene que parecerme bellísimo, y esa belleza, a su vez, tiene que servir para comunicar algo, para apoyar el mensaje, es decir, tiene que tener significado. Me interesa la estética que dice cosas y que apoya la misión de lo que esté representando. Por eso mi web es de una determinada forma y no de otra —y me paso mucho tiempo pensando para que así sea y haciendo cambios para que encaje con lo que quiero comunicar realmente— y por eso mis productos se caracterizan por estar muy cuidados en ese sentido. No son fuegos artificiales, al contrario, me encanta la simplicidad y trato siempre de ver lo que puedo quitar en vez de lo que puedo añadir. Pero siempre siempre siempre la estética se suma al significado y, por tanto, se suma al valor. La innovación No me gusta hacer cosas que ya se han visto demasiado, no me gusta hablar de los temas que toca todo el mundo ni tener los productos que tiene todo el mundo y no me gusta seguir la corriente a nadie ni ir por detrás de nadie, así que siempre que es posible trato de ir por delante. Y cuando la gente (después de un tiempo) se pone a mi altura, lo dejo y me muevo a lo siguiente. Esto para mí es y ha sido siempre vital. Lo contrario me hace sentir muy vacía, muy pobre y muy inútil. Y ya que tengo este talento, trato de que mi empresa lo aproveche al máximo. Pienso sin condicionantes ni prejuicios, por ende avanzo. El respeto Funciona en dos direcciones: primero, me respeto a mí misma todo lo que puedo y no dejo que la empresa me pase por encima como una apisonadora; segundo, trato a mis clientes con el mismo respeto con el que querría que me tratasen a mí. Eso incluye no insultar a su inteligencia rebajando el nivel de mi contenido, pero tampoco tratarles como a bobos a los que trato de embaucar para venderles lo que sea usando técnicas de marketing que a pesar de ser muy populares y funcionar muy bien, me ponen los pelos de punta. El mismo respeto para mí y para mi inteligencia y poder de decisión que para mis lectoras y clientas. La honestidad Sé que todas las empresas del mundo dirán que son honestas y que abogan por la honestidad, pero si las pusiéramos bajo el microscopio la mayoría no pasarían la prueba. Yo tengo presente al 100% la idea de que no me invento nada de lo que cuento para que suene mejor o más vendible o adecuado, no exagero con las propiedades de mis productos ni los pongo por las nubes sin haber comprobado realmente cuán buenos son y cuánto bien hacen, no manipulo los testimonios ni se los pido a mis amiguetes que nunca han comprado mis productos, no recomiendo productos a gente que no los necesita realmente solo por hacer una venta más. Lo sustentable Esta es otra cada vez más importante para mí. Yo cada vez consumo menos chatarra, pero es que estoy harta pero muy harta de lo barato, de lo no-pensado. Creo que tenemos que ser conscientes de cada cosa que hacemos y de como eso repercute en nuestro planeta, porque hacer un producto en cualquier material solo porque es mas barato de costo? porque no buscar alternativas cada vez mas sustentabas, aunque el precio no sea el mas bajo. Lo barato sale caro, dicen. Consumir contenido de calidad y sustentable me aporta realmente lo que necesito. Siguiendo la máxima de no producir lo que no querría consumir, para mí es vital esforzarme y ser muy selectiva con el contenido que estoy aportando al infinito mundo en el que vivimos y, por tanto, trato de ser muy rigurosa con los productos que creo y con los que se quedan en el cajón, con lo que digo en redes sociales y lo que no digo, . Así que este es un valor que determina muchísimo lo que hago y lo que no hago.